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Los colores vino son sofisticación, son sensualidad y son elegancia. Son la embriaguez de los sentidos, el despertar a la evasión y el erotismo. Son un bosque en otoño. Nostalgia e introspección. Con maderas oscuras y dorados, expresan distinción y estilo; con tonos naranja y salmón, una atmósfera más bucólica y luminosa.

El oro es eternidad y es glamour. Es reflejos y es luz. Es el brillo de una joya y de los rayos del sol. Es el color de los campos en verano. Es calor. Es calma. Este acabado ilumina y da calidez a nuestros metales clásicos, expandiendo profundamente sus matices.

El rosa es claridad y es frescura. Es candidez y es pureza. Es la lozanía efímera y fugaz de una flor. Es la singularidad de un flamenco. Es regeneración y es vida. La primavera cuando aún es invierno. La exuberancia en pleno desierto. Un acento inesperado para textiles y detalles.

El azul es mar, es cielo, es libertad, es un velero surcando el océano, es frescor y es acero. Es arquitectura y es naturaleza, es hielo y es Islandia. Los tonos elegidos tienen intensidades distintas con matices de negro y gris que relajan la saturación hasta hacerlos camaleónicos en el entorno.

Los tierras son barro, son imperfección, son pasado revisado. Son textura y olores encerrados en el color. Son crudos y viscerales. Las referencias desarrolladas evocan luces terracotas y oscuros marrones nocturnos. Tonos presentes en nuestro entorno más íntimo: la casa de nuestra memoria.

El verde es tradición, es calidez y es cercanía. Es británico y es interior, en el exterior; es vegetación y es clásico, en el presente. Con el espectro más cálido del tono hemos seleccionado colores y tapicerías que dibujan fronteras indefinidas entre el verde y el amarillo.

Marrón oscuro y profundo como el chocolate. Como la tierra mojada y como los frutos del bosque. Compañero orgánico de la piedra y la vegetación. La conexión total con la naturaleza. Tonos llenos de matices iluminados con ocres, grises y dorados, para ambientes naturales que buscan fundirse con el entorno.

El gris claro es puro y es irreal. Es contundente y es volátil. Es rotundo y es delicado. Su presencia velada y discreta es la insignia distintiva de nuestros orígenes. Es de donde venimos y de donde nace todo. Nuestra gama más minuciosa, enriquecida con matices derivados de otros tonos.

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